sábado 21 de noviembre de 2009

De regreso

Supongo que he vuelto a la normalidad porque estoy volviendo a escribir en esta página. Supongo que he vuelto a ser el mismo sujeto de antes porque a estas horas no estoy con la mujer con la que salía hasta hace once días. Y supongo que todo ha vuelto a ser como antes porque mi vida ha retornado a su ritmo lento, predecible y rutinario. Sin embargo, estoy dolido aún por la ruptura, por la sensación de que lo vivido en estos meses se fue y que es mejor que quede así.

La mente es traidora porque vuelve a traer los recuerdos y cuando la ruptura es reciente eso afecta la tranquilidad. A mí me cuesta ver a la persona que hace once días besaba como a un ser extraño. Me cuesta reprimir las ganas de hablarle sabiendo que está conectada en el Facebook y suponer que no la conozco. Entender todo esto aún sigue siendo complicado.

jueves 10 de septiembre de 2009

Cosas que decir...

Antes de callarme tengo algunas cosas que decir. Por ejemplo, que ahora he vuelto a la normalidad y no está mal. Que voy a extrañar salir cada viernes en la noche contigo, pero que ahora que lo pienso siempre me las he ingeniado para estar ocupado los viernes. Pero salir contigo no se compara en nada a hacer cualquier cosa solo.

Las cosas que escribo debería metérmelas por el culo. Antes escribía solo en un cuaderno y ese cuaderno lo he dejado en el olvido. Ando escuchando últimamente el timbre del mensaje de texto de mi celular, pero sé que no es cierto, que es producto de mi imaginación. Pienso ahora en lo que haré el fin de semana. Lo bueno de estar solo es que decides en diez segundos si vas o no a la fiesta del periódico.

La música que escucho no significa mucho ya. Cuando me despierto lo primero que busco es el celular para ver la hora. Somos dependientes del tiempo. Cada vez que puedo intento programar lo que hago, aunque suene de lo más cursi es que cuando no lo hago, simplemente el día pasa y me sumerjo en un tremendo marasmo.

Me preocupa ver mis manos más arrugadas que antes. Quizás más que arrugadas, será que han perdido la tersura de antes. Pero son ideas tontas, porque apenas tengo 30. Pero es cierto, yo solo me fío de la visión que con mis ojos directamente veo al mirar mis manos. No creo en los espejos. Ni siquiera creo en el reflejo de aquel día en que nos besamos y estando yo abrazándote por detrás mirábamos al espejo y sonreíamos por el mero hecho de vernos reflejados.

Yo me siento inútil para muchas cosas, pero en la que menos me siento torpe es en escribir. Aunque soy consciente que no lo hago bien – pues si así fuera no sería un redactor anónimo -, me gusta redactar lo que intepreto de la realidad, aunque sea sobre todo mi realidad. Eso justifica hundir mi trasero durante ocho horas en una oficina encapsulada y sin comodidades. Y también el vencer el temor de hablar en público. Eso justifica el que pueda hacer eso todos los días y que no me tenga que quejar (aunque lo suela hacer cada vez más). Eso es menos preocupante que no tener trabajo, definitivamente que sí.

Me gustaría tener los suficientes huevos para buscar caminos inseguros y hacer cosas, que pasarme buscando caminos firmes y seguir paralizado. Lo peor que podría pasarme es morirme y eso, últimamente, está presente. No sé por qué, aunque suene a pose y etcétera, etcétera. Es que no sé nada…pero hago el intento. Un día te dije que nosotros venimos al mundo no para buscar la felicidad, sino para esquivar la infelicidad. Te dije que aunque suene muy Paulo Coelho (que no lo he leído ni en su columna de El Comercio), tiene mucho de sentido. Es decir, necesitamos del amor, pero más nos necesitamos a nosotros mismos bien para así poder amar. Por eso te digo, ordénate y no hay problema, yo como el borracho en una novela de Kafka me voy doblando por el callejón…

Ahora que lo veo y lo leo, esto no está tan mal. Me acabo de poner a pensar en las cosas que debo volver a retomar. En esa maldita monografía que debo hacer para ganar más cochino-necesario dinero. Odio el siglo XXI, porque creo que la tecnología nos ha ido despersonalizando aunque podamos estar en todas partes y conversar con aquellos que físicamente no están cerca. Habrá abaratado todo, pero no es lo mejor. Y no sé qué hago acá. Usando Internet y exhibiéndome como un hámster en una jaula transparente.

martes 25 de agosto de 2009

Perro hablador

Miro a Colita y, cual loco, le empiezo hablar. A través de sus ojos marrones interpreto sus respuestas. A cada palabra mía, él mueve la cola incompleta que tiene y, a veces, se me acerca para lamer mi mano. No puedo evitar y le empiezo a contar cómo me ha ido hoy, qué pasó en el trabajo, etc. Me mira y como dando a entender que está aburrido se echa en su cama y cierra los ojos. Vuelve a mirarme cuando me acerco a él.

Esta noche no quiso subir a la casa, se quedó afuera en la calle, desafiando mi falsa autoridad. Es un perro callejero que solo es casero para comer y dormir. Una vez en broma dije que él tenía prácticamente todos sus problemas resueltos y creo que es verdad. Lo tiene todo resuelto.

martes 11 de agosto de 2009

Escribo que escribo (II)

Escribo porque leí la columna de Beto y me acordé que escribir para uno mismo es la mejor manera de saber quiénes somos. Escribo porque en este momento mis ideas están en desorden e intento calmarme: uno, dos, tres…Escribo porque me estoy reprimiendo de escribirle una carta de amor a la mujer con la que quisiera estar hoy. Escribo porque es la manera más fácil de abstraerme que encuentro mientras mi viejo mira la tele ahora.

Escribo porque siento la libertad de colocar las grafías que a mí se me pegan mi regalada gana. Escribo porque este post (felizmente) no tiene un límite de palabras y porque yo decido qué contar. Escribo porque me siento jodido, porque me duele andar en lo mismo y porque es menos patético que llorar. Escribo porque me entretiene y es un reto como lo es para algunos llenar un crucigrama o completar un sudoku. Escribo porque necesito decirme a mí mismo que no todo está perdido. Escribo porque es una de las pocas cosas que no me da vergüenza. Escribo para captar la atención de la pobre persona que se encuentra con estas líneas.

Escribo porque necesito seguir despierto y me gana el sueño. Escribo porque me gusta volver a preguntarme por qué lo hago. Escribo porque me siento como el prisionero que sale a tomar aire en el patio. Escribo porque un día volveré a leer esto y quizás me guste. Escribo porque es una excusa para decir que estoy ocupado y llenar la pantalla de palabras hace que los demás no me hablen. Escribo por varias cosas más que volvería a llenar en infinitos post. Escribo, sobre todo, porque es lo único que me gustaría hacer de por vida.

martes 28 de julio de 2009

Día gris

Creo que hasta ahora no hay nada que haga bien y eso me preocupa. Sin embargo, tan pesimista – como parece - no soy, pues he puesto el esperanzador “hasta ahora” y eso es algo. Lo único positivo que he hecho en estos días fue desvelarme un poco intentando escribir, eso gracias a una amiga trasnochadora que me ha contagiado un poco su insomnio.

En el trabajo los días son largos y oh paradojas de la vida, son más cortos cuando voy con mi cámara de video y salgo de comisión, pese a que hubo días en que tuve que estar 5:45 am para cubrir un paro de transportes. El ambiente de la sala es cerrado, no circula para nada el aire y solo tenemos uno artificial…eso me irrita y me hace sentir asfixiado, como si tuviera una pasamontañas en el rostro.

Ahora voy a salir a correr y de vuelta al trabajo. Veo a nuestro perro Colita, durmiendo con comida y cariño asegurado y me pregunto quién es el que tiene vida de perro…jajajaja…me río... por hacer algo menos vergonzoso que seguir lamentándome.

viernes 24 de julio de 2009

Te quería contar una cosa...

Disculpa, viejita, pero no me gusta esa comida achifada que cocinas. Todo lo demás te sale muy bien, menos la comida oriental. La última vez que me mandaste eso, dejé todo el frejol chino y el brócoli. Solo comí la carne y un poco de arroz. Ha sido difícil contarte esto, le he dado muchas vueltas hasta que te lo tuve que decir.

Compadre, yo coincido contigo. Lima es horrible, pero aún así se la quiere. ¿No te pasa como con la selección de fútbol? Sabes que no tiene remedio, pero sigues pendiente de ella. Claro, me contaste que hace un mes se te malogró el carro en el cruce de Colmena con Cañete. ¡Eran las tres de la mañana! Nos llamaste y te auxiliamos al toque. No, no me agradezcas. Ponme una chela ahorita.

En Navidad te escribí una vez que eres lo opuesto a lo que quisiera ser, mas cada vez que me miro al espejo noto que me voy pareciendo a ti. Papá, con tu horrible voz – que heredé -, con esa facilidad para perder los papeles, te digo salud porque con los años, te he ido perdonando por haberme gritado tanto. Es jodido, viejo. Antes te tenía miedo, luego te tuve cólera, ahora, cuando te veo que me esperas algunas noches después de la chamba, me produces cierta ternura.

No digas que me admiras, que hasta me parece que me estuvieras tomando el pelo. El azar y el solo hecho de ser mayor que tú me ha hecho que sea tu profesor y tú mi alumna. Ah, que he leído mucho; no es cierto. Tengo muchos amigos que han leído más, que son esos genios incomprendidos que merecerían que les paguen por trabajar con el intelecto. No es que sea buena persona, creo que soy torpe para mentir y siempre me gana la ética. Claro que acepto que pagues este café, no soy machista y solo con la condición de que yo pague los dos siguientes.

Jefe, te quiero ser honesto. Si me ofrecen otro trabajo mejor, me voy en ‘one’. Es que llevo dos años sin tener vacaciones y si bien entiendo esa frase hecha que dice “hay que poner el hombro”, siento que la empresa más bien nos ha ido dando lacerando ese hombro. Sin embargo, ahora con mi cámara de video colaboraré en cosas extras para hacer cosas propias, no soy tan quejón tampoco. No, no estoy buscando nada ahora, pero estaba dándome como plazo este año para ver qué hago. Tenía razón el Churre, el periodismo se jodió cuando a los periodistas los empezaron a meter a planilla. A veces se vuelve un trabajo rutinario más y cuesta arrancarse de la chamba.

Siempre he tenido la sensación de que no encajo en ningún lugar. Recuerdo que cuando intentaba armar ese rompecabezas de pelota que sacó una vez Coca-cola, me sobraba una pieza y no sabía cómo hacerla encajar. Así más o menos me siento yo, sé que soy una pieza más y sin embargo no puedo encajar porque no sé cómo. Le digo esto, doctor, porque debe haber una explicación y como he leído – porque no crea, me preocupa esto – sé que se debe a una baja autoestima y a una profunda represión de la infancia. ¿Pero es que acaso eso no se puede remediar? A eso he venido acá, porque mire, yo he estado pensando en que estar solo es bueno y cómodo para mí, pero no es lo normal, ¿No es cierto?

Me preguntas en qué pienso todo el día y esa pregunta para mí es difícil de contestar. Pienso, a veces en muchas cosas, pero en nada definido, me asaltan muchas ideas y pensamientos a la vez. ¿Has visto esa ánfora electrónica de la Tinka donde las bolillas se mezclan, se chocolatean? Así pasa con mi mente a veces. Pienso en muchas cosas. En las mañanas, en las tardes se me viene tu imagen y me detengo a recordar el peinado que tenías la última vez que nos vimos. O a reírme solo cuando me acordaba de la vez que hiciste una laguna de kétchup en mi plato. El amor nos da un salvoconducto para ser cursis, está permitido. Ya te dije, el amor es la manera más hermosa de perder el tiempo.

jueves 23 de julio de 2009

¿Cuándo es cuándo?

Hagamos planes, salgamos. Vámonos de viaje. Vámonos adonde sea. Ya hablamos al respecto y cuántas veces hemos postergado nuestra salida. Me metí al inglés los sábados, sé que lo eché todo a perder, pero puedo hacerme el enfermo, cobrarme los días que me deben, pero solo tres; tengo que guardar uno para el concierto de D.M.

De todos los adjetivos, solo te acepto el de gruñón. No me digas ‘Don pésimo’, ‘aguafiestas’; no. Ya sabes que los pesimistas nos informamos bien y nos gusta pensar en los pro y contra siempre. Cuando ayer salía en la lluvia no pensaba en nada, pensaba en salir, en mojarme y en no volver a mi casa. Las cosas que menos hubiera querido hacer son las que al final más disfruto y celebro hacer.

Hoy tuve un sueño extraño. Te lo cuento y ya sé que te vas a matar de risa y me vas a interrumpir con preguntas y te vas a ir por la tangente. Déjame que te cuente, pues. Soñé que era un superhéroe que combatía la miseria urbana. La primera tarea que tomé al encarnar mi personaje fue desaparecer a los delincuentes. No era Batman, ni Spiderman, mi uniforme era tan huachafo como los de Watchmen. No sé qué más pasó, siempre al despertar se me olvida todo lo que soñé.

He estado viendo muchas fotos. Veía las fotos que mi papá le tomó a mi abuelo hace una semana en Arequipa. Él cumplió 97 y aunque digas que qué bueno, no sé si mi abuelo opine lo mismo. Lo peor es que él ya no opina. Camina, no tiene ninguna articulación atrofiada. Su única enfermedad es la vejez, digamos. Mi papá dice que ya no pregunta por mí o por mi hermana. ¿Sabes qué? Ya me arrepentí de no haberle hecho la larga entrevista que quería hacerle para sacar historias.

Veía muchas fotos, te decía. Observaba las fotos que las personas cuelgan en su Facebook. Todas sonrientes, en apapachos con sus amigos. ¿Es que acaso alguien no cuelga fotos estando triste? Yo lo haría de puro contreras que soy. Ya sé, ya sé…chissst… “¿Quién va a ser tan monse de colgar fotos estando triste?” Nadie, lo sé. Pero déjame ir al punto. Las personas se toman fotos porque necesitan congelar momentos en que creyeron sentirse felices. Es como tomarle una foto a un día soleado y verla en invierno.

Quisiera que me contagies tu insomnio. Yo una vez leí que Napoleón solo dormía cuatro horas al día y quise imitarlo. Aguanté seis días exactos. Empecé un lunes y el sábado sentía que la temperatura del cuerpo me subía como si tuviera fiebre. Quisiera ser como tú, que duermes poco, que andas despierta y dices que por más que quieras no te puedes dormir. Yo soy lo contrario. Si logras contagiarme tu insomnio me doy por bien servido. Yo duermo mucho, eso me da un tremendo remordimiento. Siento que dormir es morirse por unas horas y que despertarse es volver a estar vivo. Mi papá, por ejemplo, se acuesta a la una de la mañana y a las seis está en pie como si nada. Mi mamá el problema que tiene es que tiene el sueño muy ligero. Un día le dije que ella tiene el sueño tan ligero que se despierta hasta por el pedo de una mosca. Sí, qué cochino, ya sé.

Otra cosa, y con esta me voy a dormir ya, es que acabo de recordar que hace tiempo que no veo a mis amigos. No sé nada de ellos. A veces me cansa ser el único que tenga que llamar para saber qué es del otro. Hace años, entendía que llamar es caro, pero ahora que hay Internet, hasta un mail es más barato que una llamada de teléfono público. Sospecho, que cada uno está en sus asuntos. Uno de ellos va a ser papá y vaya que ya está ocupado y aún lo va a estar más. Creo que acá pasa como en las llamadas en espera, estás allí y a la vez no. Si los conocieras, sospecho que le caerías bien. Son la versión mía con mucha dosis del sentido del humor. La versión mía, pero sin el adjetivo de gruñón. Ya no nos ponemos de acuerdo en mucho.

Yo te acompañaría todos los días, todos. Pero no se puede y hay que acomodarse. Dicen que todos tenemos un talento, pero el problema es cuando sientes que ese don está enterrado en alguna parte y no estás seguro si podrás encontrarlo. Esa sensación es la mía ahora. Lo malo es que acá no hay plazo para hallarlo y aún cabe la posibilidad de que se me pase la vida intentando desenterrarlo. Y solo tengo pocas horas al día para hacerlo.

Me voy.