La versión del Facebook en español ha traducido el “What are you doing?” de su versión inglesa como “¿Qué estás pensando?”, lo cual me parece que toca una dimensión mucho más íntima de lo que la naturaleza de esa página de contactos requiere. Cada mañana cuando leo esa frase en mi página estoy tentado a realmente escribir lo que estoy pensando, por ejemplo: “¿Realmente debo inscribirme en esa maestría virtual?” o la más íntima “¿Por qué me he pasado dos días sentado frente a la hoja de Word sin escribir nada?” o una incluso patética: “Me desgracia que las mujeres no me den bola”.
Hoy, por ejemplo, uno de mis contactos ha escrito “¿Por qué esforzarme tanto?” He estado tentado en comentarle la frase, pero como lo conozco, dudo que esas palabras tengan el sentido depresivo que yo acaba de interpretarle. Por lo demás, creo que este tipo de páginas son más para mostrarse como uno debería ser y para compartir información, algunas veces valiosa. Como yo me tomo a pecho lo que leo (más que lo que escucho), por eso no podría utilizar el Facebook para colocar realmente lo que estoy pensando.
Pero ¿qué estoy pensando? Esta mañana, por ejemplo, en si debería realmente insistir en seguir escribiendo, pese a que no puedo hacerlo. Otro pensamiento que se me cruza por la mente es en asegurarme el futuro, es decir, “¿debo seguir una maestría honerosa para obtener una recompensa más adelante?”. Otros pensamientos ya no me llaman la atención, pues vengo lidiando con ellos hace algunos años, como el de no tener flaca, o el de por qué soy tan áspero y sin gracia; en fin, eso, por decirlo de alguna manera, está dentro de lo normal para mí.
Sin embargo, prefiero tener tiempo para pensar. Hace un año exactamente iba de lunes a viernes a la universidad y en las tardes lo empalmaba con el diario. Quedaba tan cansando que ni siquiera podía pensar en nada. Me vencía el sueño y dormía en los buses. Prefiero el pensar, por más dañino que pueda ser a veces, que el no pensar. Los pensamientos hay que saber domarlos para que no se descarrilen y se conviertan en cuchillos en forma de boomerang. Cuanto más he pensado más humano me he sentido. “Pienso, luego existo”, frase nunca tan vigente ahora, pese a que la vida y su vertiginoso ritmo inciten a no pensar y hacer, hacer, hacer…
Estoy pensando en que mucha gente a la que conozco leyéndome me entiende más cuando escribo que cuando hablo. Estoy pensando en que hoy, que dentro de unas horas volveré a mi rutina laboral, en el fondo sigo siendo yo y no Charles Chaplin en ‘Tiempos Modernos’. Pienso en que a veces por pensar mucho la he fregado, es decir, le he dado muchas vueltas a la tortilla. Pero es mi naturaleza, lo otro el hacer, hacer por hacer…no es lo mío. Y sé que los demás pueden pensar que eso no está bien, pero si no tenemos libertad para pensar como nos dé la gana ¿para qué entonces la vida merece ser vivida?
