viernes, 22 de septiembre de 2017

Una palabra

Ambigüedades. Inquietud. Impaciencia. Pesimismo. Hartazgo. Cambios. Desarraigo. Libertad. Soledad. Libido. Juego. Coquetería. Remordimiento. Lealtad. Ella. Mujer. Esposa. Sueño. Ejercicios. Serie. Novela. Lectura. Escribir. Importancia. Superficialidad. Ilusión. Padres. Familia. Salud. Tranquilidad. Tiempo. Reloj. Muerte. Beso. Vehemencia. Incertidumbre.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Compromisos

Si sigo jodido, sigo escribiendo. ¿Pero por qué lo que escribo no desemboca en alguna historia? Es demasiado lastimero, a veces, se queda en la mera catarsis. No está mal, pero aspiro a contar historias y aunque esto de escribir sobre uno mismo sea un peldaño, me parece que todavía está muy lejos de ser literatura.

Mentalmente, a veces, quisiera aspirar a tener una vida convencional. Algo me lo impide, es como una voz interna que me advierte que hacerlo es también renunciar a la literatura. He decidido hacer girar mi vida en función de la literatura. Esta sensación de cansancio, de hartazgo, es cíclica en mí y necesito operar algún cambio. Ayer se me ocurrió que podría ser un cambio físico, algo que descuadre al resto, que me vuelva a hacer irreconocible, como no me reconocen mis compañeros del colegio que recuerdan al niño y púber gordo. Quiero que nadie me reconozca, volver a bajar de peso y que en la calle no me miren o que me sigan escribiendo en el facebook que me veo distinto a hace unos años.

Mi hermana se ha casado, en cierta forma veo que es un alivio para mis padres. Por un momento he visto reflejado en sus gestos, en sus palabras, el cumplimiento de un sueño. Yo me resisto a darles el gusto, pero he encontrado a una gran mujer, quizás desista, pero eso sí, nada de convencionalismos. Me resisto a ser el centro de atención, a posar sonriente y a que me levanten en peso en la hora loca. Por mí que nadie, salvo las familias, se enteren. Esa es mi visión del asunto, claro muy personal y egoísta. Por momentos creo que le rehuyo al compromiso, al vínculo perdurable, quizás sea un temor. Si supiera que un nuevo trabajo va a ser para toda la vida, seguramente no lo tomaría. ¿El matrimonio es para toda la vida? Debería serlo, aspira a eso seguramente. Veo a matrimonios con cónyuges de más de 80 años y veo que así era. Ahora todo, como la tecnología, es tan efímero.

Me repito tanto que mi compromiso es con las palabras, con la escritura, que por momentos temo que sea una apuesta inútil, que sea remar en arena y que no llegue a ser más que un mediocre escribidor. Veo a tantos hoy, me da tanta vergüenza ajena verlos, escucharlos, hablar de su obra como algo único. Quizás deba preocuparme solamente en escribir, pero tampoco quiero morirme sin saber si sirvo para esto. Cuando me muera no escucharé nada, no veré nada. Simplemente no estaré.

Siento que vomito estas palabras, que -nuevamente- es un acto catártico, pero lo que quiero es contar historias, a lo mejor el libro sobre la historia de mi familia, el de Pumacahua, sea lo único que pueda o deba escribir. Quizás no la chunte -como tal parece- en concursos de cuentos o de narrativa. Quizás lo mío sea contar la verdad o lo que considere mi verdad. A lo mejor debería escribir a lo bonzo, inmolándome con cada palabra y luego dedicarme a otra cosa. Un libro, quizás sea solo un libro el que deba escribir. Quién sabe si solo eso justifique mi existencia.


martes, 12 de septiembre de 2017

Leer o vivir

Literatura o vida. ¿Leer es no vivir nuestra propia vida y apostar por vidas ajenas? ¿Vivir es renunciar a leer porque la realidad siempre será más impactante que la imaginación? Mi vida se centra en función de la literatura, bueno eso intento. Lo que ocurre a mi alrededor es importante solo si tiene que ver con ella. Ella. Ella es la literatura, obviamente.

De todas las experiencias las malas son las que generalmente nos marcan más. Cuando algo nos sale como quisiéramos y estamos felices por ello no hay impulso por escribir. Al menos en mi caso. Cuando ocurre algo que altera mi tranquilidad, por más dañino que sean sus efectos, empiezo a pensar, a reflexionar, muchas veces esto puede devenir en escritura. Paradójicamente nadie quiere que le ocurran desgracias por retratar. Algunos prefieren tener una vida plena, estable y placentera, que una existencia llena de vacíos, sobresaltos y de una sensación de tristeza inmensa. Si no estuviera tan jodido ni siquiera me tomaría la molestia de pasar a esta plataforma lo que había anotado en mi libreta.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Contradicciones

Tu posición racional siempre estará en riesgo cuando el deseo de hacer lo contrario esté en tu mente. Lo conveniente, lo sensato, tambalea frente al impulso por satisfacer un capricho, algo que incluso no tiene posibilidades de concretarse. Parece la cara oculta de una vocación autodestructora, de aniquilarnos a pesar de tener a la mano la posibilidad de mantenernos en pie. Será que lo incierto nos atrae porque lo utópico, lo que podría ser, nos resulta más seductor que aquello que ya es.

Estamos a merced del deseo, conteniéndonos por no perder algo valioso y vivimos conflictuados hasta que un factor externo nos arrastre. En el fondo esperamos que ese factor externo aparezca para limpiarnos de toda culpa y no admitir que estábamos esperando ese llamado. Ves una frase, un mensaje, un gesto como una señal, como un llamado. Te quedas dando vueltas a estas señales tratando de encontrarle un sentido, interpretas esto como un llamado. A veces resulta que no significa nada y te das un portazo en la cara. Pero si no descifras un mensaje te quedas con la duda sobre qué hubiera podido ser. Esto es terrible, es una condena más insufrible -aparentemente- que aquella que padeceríamos cuando nos quedemos sin nada de lo que tenemos hoy.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Qué hacer

¿Qué hacer con mi vida? Me lo pregunto al borde de los 40 y me preocupa. Acabo de leer una columna de Beto Ortiz, 11 años mayor que yo, y veo que descarga algunas ideas respecto a la experiencia de vivir. "Renuncia a ese trabajo de mierda", dice. Yo he estado pensando en renunciar para escribir. Sin embargo, quiero tener un espacio para sociabilizar. Si por mí fuera me encerraría e iría a Cusco a escribir. Solo ruego a Dios que me permita en lo que me queda de vida ser un gran escritor.

He leído también una iluminadora entrevista a Paul Auster.

“A veces me pregunto por qué me he pasado la vida encerrado en un cuarto escribiendo cuando afuera está el mundo lleno de vida y de posibilidades. La escritura exige entregarse a ella sin fisuras, abrirse a toda forma posible de dolor, de gozo, a todas las emociones que es posible sentir. Hacerlo bien requiere coraje moral. Ninguna otra ocupación exige a quien la desempeña que entregue el ser, el alma, el corazón y la cabeza sin saber si al final habrá recompensa”.

Escribir es algo incierto, pero necesario para algunos. No es algo que importe a muchos. En estos tiempos, más que en otros, donde lo que escribas tiene menos importancia que lo que grites, se necesita más coraje para escribir. Sobre todo sabiendo que no se podrá vivir de eso, pero que en el fondo se vive para eso. No quisiera ponerme en plan de iluminado, pues detesto cuando alguien -quien quiera que sea- se siente especial y mira con desdén al resto porque se siente incomprendido. Yo, como cualquier otro empleado, quiero ser el mejor. Eso es todo. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Costumbre

Es fácil acostumbrarse a algo y desacostumbrarse a ese algo. Quizás la palabra no sea "fácil" sino más bien "posible". El problema es cuando más que costumbre, ese acontecimiento más que repetitivo era dinámico, seguía su curso e iba creciendo. Cuando están en juego los afectos el desacostumbramiento  es tortuoso. Es un padecimiento. El día, de por sí gris en Lima, se vuelve mucho más acentuado. La bruma invade el estado de ánimo. ¿Realmente agradezco que a tanto goce le sobrevenga la desolación que me causa esa ausencia? ¿Cuánto es posible soportarlo? Ya dije que es posible hacerlo. Es todo un proceso, quizás menos largo de lo que me parece, pero sí es cierto que para mí ahora es insoportable. Ya pasará, como mi dolor de estómago de hace unos días.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Días grises

Día gris el de ayer, el de hoy todavía. Envuelto en confusiones, en una sucesión de malos entendidos, intrigas en el trabajo. Caras vemos, intenciones no sabemos. ¿Tanto odio me tienen? ¿Es envidia? ¿Creen que hago poco para lo que gano? Decepcionado totalmente del entorno laboral. Solo confío en quienes tengo más cerca. De los demás no puedo garantizar nada. ¿Debo cambiar mi forma de dirigirme al resto? ¿La indiferencia como divisa? Siento el ambiente pesado desde hace unos meses. Lamento decirlo, pero quizás deba procurar salir de allí. Tengo que buscar la manera, tengo que desprenderme quizás de lo monetario y del confort, incluso.

He dado vueltas y vueltas sobre este último problema. Me agota estar envuelto en comentarios que incluyan a otras personas. Ya he pasado por un trance similar en el año. Estoy harto, agotado. Antes trabajar allí era un placer, últimamente se ha vuelto pesado. Siento que esta experiencia ha matado mis ganas de hacer cosas para mi página. Finalmente, era eso. Hasta ahora ni lo hubiera pensado. Dejar el confort cuesta. Hay que tener coraje (iba a decir huevos) para salir de lo inseguro a lo incierto. La vida dura tan poco que o se da pelea y se pierde/o gana o de lo contrario se sigue en un camino seguro y largo negándose a uno mismo.