Creo que hasta ahora no hay nada que haga bien y eso me preocupa. Sin embargo, tan pesimista – como parece - no soy, pues he puesto el esperanzador “hasta ahora” y eso es algo. Lo único positivo que he hecho en estos días fue desvelarme un poco intentando escribir, eso gracias a una amiga trasnochadora que me ha contagiado un poco su insomnio.
En el trabajo los días son largos y oh paradojas de la vida, son más cortos cuando voy con mi cámara de video y salgo de comisión, pese a que hubo días en que tuve que estar 5:45 am para cubrir un paro de transportes. El ambiente de la sala es cerrado, no circula para nada el aire y solo tenemos uno artificial…eso me irrita y me hace sentir asfixiado, como si tuviera una pasamontañas en el rostro.
Ahora voy a salir a correr y de vuelta al trabajo. Veo a nuestro perro Colita, durmiendo con comida y cariño asegurado y me pregunto quién es el que tiene vida de perro…jajajaja…me río... por hacer algo menos vergonzoso que seguir lamentándome.
martes 28 de julio de 2009
viernes 24 de julio de 2009
Te quería contar una cosa...
Disculpa, viejita, pero no me gusta esa comida achifada que cocinas. Todo lo demás te sale muy bien, menos la comida oriental. La última vez que me mandaste eso, dejé todo el frejol chino y el brócoli. Solo comí la carne y un poco de arroz. Ha sido difícil contarte esto, le he dado muchas vueltas hasta que te lo tuve que decir.
Compadre, yo coincido contigo. Lima es horrible, pero aún así se la quiere. ¿No te pasa como con la selección de fútbol? Sabes que no tiene remedio, pero sigues pendiente de ella. Claro, me contaste que hace un mes se te malogró el carro en el cruce de Colmena con Cañete. ¡Eran las tres de la mañana! Nos llamaste y te auxiliamos al toque. No, no me agradezcas. Ponme una chela ahorita.
En Navidad te escribí una vez que eres lo opuesto a lo que quisiera ser, mas cada vez que me miro al espejo noto que me voy pareciendo a ti. Papá, con tu horrible voz – que heredé -, con esa facilidad para perder los papeles, te digo salud porque con los años, te he ido perdonando por haberme gritado tanto. Es jodido, viejo. Antes te tenía miedo, luego te tuve cólera, ahora, cuando te veo que me esperas algunas noches después de la chamba, me produces cierta ternura.
No digas que me admiras, que hasta me parece que me estuvieras tomando el pelo. El azar y el solo hecho de ser mayor que tú me ha hecho que sea tu profesor y tú mi alumna. Ah, que he leído mucho; no es cierto. Tengo muchos amigos que han leído más, que son esos genios incomprendidos que merecerían que les paguen por trabajar con el intelecto. No es que sea buena persona, creo que soy torpe para mentir y siempre me gana la ética. Claro que acepto que pagues este café, no soy machista y solo con la condición de que yo pague los dos siguientes.
Jefe, te quiero ser honesto. Si me ofrecen otro trabajo mejor, me voy en ‘one’. Es que llevo dos años sin tener vacaciones y si bien entiendo esa frase hecha que dice “hay que poner el hombro”, siento que la empresa más bien nos ha ido dando lacerando ese hombro. Sin embargo, ahora con mi cámara de video colaboraré en cosas extras para hacer cosas propias, no soy tan quejón tampoco. No, no estoy buscando nada ahora, pero estaba dándome como plazo este año para ver qué hago. Tenía razón el Churre, el periodismo se jodió cuando a los periodistas los empezaron a meter a planilla. A veces se vuelve un trabajo rutinario más y cuesta arrancarse de la chamba.
Siempre he tenido la sensación de que no encajo en ningún lugar. Recuerdo que cuando intentaba armar ese rompecabezas de pelota que sacó una vez Coca-cola, me sobraba una pieza y no sabía cómo hacerla encajar. Así más o menos me siento yo, sé que soy una pieza más y sin embargo no puedo encajar porque no sé cómo. Le digo esto, doctor, porque debe haber una explicación y como he leído – porque no crea, me preocupa esto – sé que se debe a una baja autoestima y a una profunda represión de la infancia. ¿Pero es que acaso eso no se puede remediar? A eso he venido acá, porque mire, yo he estado pensando en que estar solo es bueno y cómodo para mí, pero no es lo normal, ¿No es cierto?
Me preguntas en qué pienso todo el día y esa pregunta para mí es difícil de contestar. Pienso, a veces en muchas cosas, pero en nada definido, me asaltan muchas ideas y pensamientos a la vez. ¿Has visto esa ánfora electrónica de la Tinka donde las bolillas se mezclan, se chocolatean? Así pasa con mi mente a veces. Pienso en muchas cosas. En las mañanas, en las tardes se me viene tu imagen y me detengo a recordar el peinado que tenías la última vez que nos vimos. O a reírme solo cuando me acordaba de la vez que hiciste una laguna de kétchup en mi plato. El amor nos da un salvoconducto para ser cursis, está permitido. Ya te dije, el amor es la manera más hermosa de perder el tiempo.
Compadre, yo coincido contigo. Lima es horrible, pero aún así se la quiere. ¿No te pasa como con la selección de fútbol? Sabes que no tiene remedio, pero sigues pendiente de ella. Claro, me contaste que hace un mes se te malogró el carro en el cruce de Colmena con Cañete. ¡Eran las tres de la mañana! Nos llamaste y te auxiliamos al toque. No, no me agradezcas. Ponme una chela ahorita.
En Navidad te escribí una vez que eres lo opuesto a lo que quisiera ser, mas cada vez que me miro al espejo noto que me voy pareciendo a ti. Papá, con tu horrible voz – que heredé -, con esa facilidad para perder los papeles, te digo salud porque con los años, te he ido perdonando por haberme gritado tanto. Es jodido, viejo. Antes te tenía miedo, luego te tuve cólera, ahora, cuando te veo que me esperas algunas noches después de la chamba, me produces cierta ternura.
No digas que me admiras, que hasta me parece que me estuvieras tomando el pelo. El azar y el solo hecho de ser mayor que tú me ha hecho que sea tu profesor y tú mi alumna. Ah, que he leído mucho; no es cierto. Tengo muchos amigos que han leído más, que son esos genios incomprendidos que merecerían que les paguen por trabajar con el intelecto. No es que sea buena persona, creo que soy torpe para mentir y siempre me gana la ética. Claro que acepto que pagues este café, no soy machista y solo con la condición de que yo pague los dos siguientes.
Jefe, te quiero ser honesto. Si me ofrecen otro trabajo mejor, me voy en ‘one’. Es que llevo dos años sin tener vacaciones y si bien entiendo esa frase hecha que dice “hay que poner el hombro”, siento que la empresa más bien nos ha ido dando lacerando ese hombro. Sin embargo, ahora con mi cámara de video colaboraré en cosas extras para hacer cosas propias, no soy tan quejón tampoco. No, no estoy buscando nada ahora, pero estaba dándome como plazo este año para ver qué hago. Tenía razón el Churre, el periodismo se jodió cuando a los periodistas los empezaron a meter a planilla. A veces se vuelve un trabajo rutinario más y cuesta arrancarse de la chamba.
Siempre he tenido la sensación de que no encajo en ningún lugar. Recuerdo que cuando intentaba armar ese rompecabezas de pelota que sacó una vez Coca-cola, me sobraba una pieza y no sabía cómo hacerla encajar. Así más o menos me siento yo, sé que soy una pieza más y sin embargo no puedo encajar porque no sé cómo. Le digo esto, doctor, porque debe haber una explicación y como he leído – porque no crea, me preocupa esto – sé que se debe a una baja autoestima y a una profunda represión de la infancia. ¿Pero es que acaso eso no se puede remediar? A eso he venido acá, porque mire, yo he estado pensando en que estar solo es bueno y cómodo para mí, pero no es lo normal, ¿No es cierto?
Me preguntas en qué pienso todo el día y esa pregunta para mí es difícil de contestar. Pienso, a veces en muchas cosas, pero en nada definido, me asaltan muchas ideas y pensamientos a la vez. ¿Has visto esa ánfora electrónica de la Tinka donde las bolillas se mezclan, se chocolatean? Así pasa con mi mente a veces. Pienso en muchas cosas. En las mañanas, en las tardes se me viene tu imagen y me detengo a recordar el peinado que tenías la última vez que nos vimos. O a reírme solo cuando me acordaba de la vez que hiciste una laguna de kétchup en mi plato. El amor nos da un salvoconducto para ser cursis, está permitido. Ya te dije, el amor es la manera más hermosa de perder el tiempo.
jueves 23 de julio de 2009
¿Cuándo es cuándo?
Hagamos planes, salgamos. Vámonos de viaje. Vámonos adonde sea. Ya hablamos al respecto y cuántas veces hemos postergado nuestra salida. Me metí al inglés los sábados, sé que lo eché todo a perder, pero puedo hacerme el enfermo, cobrarme los días que me deben, pero solo tres; tengo que guardar uno para el concierto de D.M.
De todos los adjetivos, solo te acepto el de gruñón. No me digas ‘Don pésimo’, ‘aguafiestas’; no. Ya sabes que los pesimistas nos informamos bien y nos gusta pensar en los pro y contra siempre. Cuando ayer salía en la lluvia no pensaba en nada, pensaba en salir, en mojarme y en no volver a mi casa. Las cosas que menos hubiera querido hacer son las que al final más disfruto y celebro hacer.
Hoy tuve un sueño extraño. Te lo cuento y ya sé que te vas a matar de risa y me vas a interrumpir con preguntas y te vas a ir por la tangente. Déjame que te cuente, pues. Soñé que era un superhéroe que combatía la miseria urbana. La primera tarea que tomé al encarnar mi personaje fue desaparecer a los delincuentes. No era Batman, ni Spiderman, mi uniforme era tan huachafo como los de Watchmen. No sé qué más pasó, siempre al despertar se me olvida todo lo que soñé.
He estado viendo muchas fotos. Veía las fotos que mi papá le tomó a mi abuelo hace una semana en Arequipa. Él cumplió 97 y aunque digas que qué bueno, no sé si mi abuelo opine lo mismo. Lo peor es que él ya no opina. Camina, no tiene ninguna articulación atrofiada. Su única enfermedad es la vejez, digamos. Mi papá dice que ya no pregunta por mí o por mi hermana. ¿Sabes qué? Ya me arrepentí de no haberle hecho la larga entrevista que quería hacerle para sacar historias.
Veía muchas fotos, te decía. Observaba las fotos que las personas cuelgan en su Facebook. Todas sonrientes, en apapachos con sus amigos. ¿Es que acaso alguien no cuelga fotos estando triste? Yo lo haría de puro contreras que soy. Ya sé, ya sé…chissst… “¿Quién va a ser tan monse de colgar fotos estando triste?” Nadie, lo sé. Pero déjame ir al punto. Las personas se toman fotos porque necesitan congelar momentos en que creyeron sentirse felices. Es como tomarle una foto a un día soleado y verla en invierno.
Quisiera que me contagies tu insomnio. Yo una vez leí que Napoleón solo dormía cuatro horas al día y quise imitarlo. Aguanté seis días exactos. Empecé un lunes y el sábado sentía que la temperatura del cuerpo me subía como si tuviera fiebre. Quisiera ser como tú, que duermes poco, que andas despierta y dices que por más que quieras no te puedes dormir. Yo soy lo contrario. Si logras contagiarme tu insomnio me doy por bien servido. Yo duermo mucho, eso me da un tremendo remordimiento. Siento que dormir es morirse por unas horas y que despertarse es volver a estar vivo. Mi papá, por ejemplo, se acuesta a la una de la mañana y a las seis está en pie como si nada. Mi mamá el problema que tiene es que tiene el sueño muy ligero. Un día le dije que ella tiene el sueño tan ligero que se despierta hasta por el pedo de una mosca. Sí, qué cochino, ya sé.
Otra cosa, y con esta me voy a dormir ya, es que acabo de recordar que hace tiempo que no veo a mis amigos. No sé nada de ellos. A veces me cansa ser el único que tenga que llamar para saber qué es del otro. Hace años, entendía que llamar es caro, pero ahora que hay Internet, hasta un mail es más barato que una llamada de teléfono público. Sospecho, que cada uno está en sus asuntos. Uno de ellos va a ser papá y vaya que ya está ocupado y aún lo va a estar más. Creo que acá pasa como en las llamadas en espera, estás allí y a la vez no. Si los conocieras, sospecho que le caerías bien. Son la versión mía con mucha dosis del sentido del humor. La versión mía, pero sin el adjetivo de gruñón. Ya no nos ponemos de acuerdo en mucho.
Yo te acompañaría todos los días, todos. Pero no se puede y hay que acomodarse. Dicen que todos tenemos un talento, pero el problema es cuando sientes que ese don está enterrado en alguna parte y no estás seguro si podrás encontrarlo. Esa sensación es la mía ahora. Lo malo es que acá no hay plazo para hallarlo y aún cabe la posibilidad de que se me pase la vida intentando desenterrarlo. Y solo tengo pocas horas al día para hacerlo.
Me voy.
De todos los adjetivos, solo te acepto el de gruñón. No me digas ‘Don pésimo’, ‘aguafiestas’; no. Ya sabes que los pesimistas nos informamos bien y nos gusta pensar en los pro y contra siempre. Cuando ayer salía en la lluvia no pensaba en nada, pensaba en salir, en mojarme y en no volver a mi casa. Las cosas que menos hubiera querido hacer son las que al final más disfruto y celebro hacer.
Hoy tuve un sueño extraño. Te lo cuento y ya sé que te vas a matar de risa y me vas a interrumpir con preguntas y te vas a ir por la tangente. Déjame que te cuente, pues. Soñé que era un superhéroe que combatía la miseria urbana. La primera tarea que tomé al encarnar mi personaje fue desaparecer a los delincuentes. No era Batman, ni Spiderman, mi uniforme era tan huachafo como los de Watchmen. No sé qué más pasó, siempre al despertar se me olvida todo lo que soñé.
He estado viendo muchas fotos. Veía las fotos que mi papá le tomó a mi abuelo hace una semana en Arequipa. Él cumplió 97 y aunque digas que qué bueno, no sé si mi abuelo opine lo mismo. Lo peor es que él ya no opina. Camina, no tiene ninguna articulación atrofiada. Su única enfermedad es la vejez, digamos. Mi papá dice que ya no pregunta por mí o por mi hermana. ¿Sabes qué? Ya me arrepentí de no haberle hecho la larga entrevista que quería hacerle para sacar historias.
Veía muchas fotos, te decía. Observaba las fotos que las personas cuelgan en su Facebook. Todas sonrientes, en apapachos con sus amigos. ¿Es que acaso alguien no cuelga fotos estando triste? Yo lo haría de puro contreras que soy. Ya sé, ya sé…chissst… “¿Quién va a ser tan monse de colgar fotos estando triste?” Nadie, lo sé. Pero déjame ir al punto. Las personas se toman fotos porque necesitan congelar momentos en que creyeron sentirse felices. Es como tomarle una foto a un día soleado y verla en invierno.
Quisiera que me contagies tu insomnio. Yo una vez leí que Napoleón solo dormía cuatro horas al día y quise imitarlo. Aguanté seis días exactos. Empecé un lunes y el sábado sentía que la temperatura del cuerpo me subía como si tuviera fiebre. Quisiera ser como tú, que duermes poco, que andas despierta y dices que por más que quieras no te puedes dormir. Yo soy lo contrario. Si logras contagiarme tu insomnio me doy por bien servido. Yo duermo mucho, eso me da un tremendo remordimiento. Siento que dormir es morirse por unas horas y que despertarse es volver a estar vivo. Mi papá, por ejemplo, se acuesta a la una de la mañana y a las seis está en pie como si nada. Mi mamá el problema que tiene es que tiene el sueño muy ligero. Un día le dije que ella tiene el sueño tan ligero que se despierta hasta por el pedo de una mosca. Sí, qué cochino, ya sé.
Otra cosa, y con esta me voy a dormir ya, es que acabo de recordar que hace tiempo que no veo a mis amigos. No sé nada de ellos. A veces me cansa ser el único que tenga que llamar para saber qué es del otro. Hace años, entendía que llamar es caro, pero ahora que hay Internet, hasta un mail es más barato que una llamada de teléfono público. Sospecho, que cada uno está en sus asuntos. Uno de ellos va a ser papá y vaya que ya está ocupado y aún lo va a estar más. Creo que acá pasa como en las llamadas en espera, estás allí y a la vez no. Si los conocieras, sospecho que le caerías bien. Son la versión mía con mucha dosis del sentido del humor. La versión mía, pero sin el adjetivo de gruñón. Ya no nos ponemos de acuerdo en mucho.
Yo te acompañaría todos los días, todos. Pero no se puede y hay que acomodarse. Dicen que todos tenemos un talento, pero el problema es cuando sientes que ese don está enterrado en alguna parte y no estás seguro si podrás encontrarlo. Esa sensación es la mía ahora. Lo malo es que acá no hay plazo para hallarlo y aún cabe la posibilidad de que se me pase la vida intentando desenterrarlo. Y solo tengo pocas horas al día para hacerlo.
Me voy.
miércoles 22 de julio de 2009
Reflexiones de un ser viviente
No es por conveniencia, pero he vuelto a creer en dios. Cuando uno cree que todo está perdido, esto es lo único que reconforta. Incluso se duerme mejor.
La mujer de mis sueños tiene el rostro de Fiona Apple. Sobre todo su frente. Adoro su palidez tan parecida al de la muerte.
Mis únicas esperanzas están cifradas en lo que pueda escribir. En la vida práctica sé que me alquilo por dinero, soy consciente de ello y eso ayuda a no volverse un esclavo.
He aprendido a borrar el más mínimo rencor hacia mi padre. Al contrario, cada vez acepto más que yo también me llamo Jaime. Quizás sea sinónimo de que me estoy haciendo más adulto, aunque sé que hay cosas que se fijan en la mente como un tatuaje.
Definitivamente para hacer periodismo se tiene que salir a la calle, no hay otra manera. En estas semanas he salido de comisión y mientras lo hacía recobraba aquel entusiasmo de cuando era un redactor del impreso. La web algún día tendrá que evolucionar a eso, pero no sé si tendré la paciencia de esperar a que eso ocurra.
Es algo extraño y quizás literalmente inhumano, pero más pena he sentido en este día lluvioso por los perros callejeros que por las personas. Será porque ellos no tienen manos que los sequen, ni amos que los compadezcan. Es más, hoy cuando estaba en una avenida rápida me quedé mirando a uno cómo cruzaba temerariamente la pista. Qué alivio verlo del otro lado avanzando a salvo.
A veces me cansa ser yo mismo. Corrección, a veces me pesa ser yo mismo. Me he dado cuenta que tener muchos conocidos – y no hablo de amigos -, simplifica la vida práctica y profesional. Me consuela, sin embargo, saber que no me he muerto de hambre y no dependo absolutamente de los demás.
Hay cosas que se deben hacer y punto. Creerse el artista rebelde que va a morir en París con o sin aguacero no es sensato. Lo digo, pues intenté hacerlo hace años y solo me llevó al arrepentimiento. Felizmente hay pequeños espacios – siquiera – para poder hacer lo que uno quiere. Si no fuera así, la vida sería estiércol puro.
Tantas muertes de gente conocida estas semanas hace pensar más en la muerte que tantos fallecidos anónimos. No sé qué decir, pues pensaba – seguro con mucho de posería – que no quisiera morir de viejo. Pensaba en que un tope aceptable sería los cincuenta años. En uno de esos cuadernos que uso como diario alguna vez escribí: “Si hasta los cuarenta años no he hecho algo que valga la pena y me haga sentir pleno, merezco la muerte”. La muerte, pienso, no se merece. Llega sola, es la invitada que llega sin tarjeta. Es lo único que, en circunstancias normales, no se puede planificar.
La mujer de mis sueños tiene el rostro de Fiona Apple. Sobre todo su frente. Adoro su palidez tan parecida al de la muerte.
Mis únicas esperanzas están cifradas en lo que pueda escribir. En la vida práctica sé que me alquilo por dinero, soy consciente de ello y eso ayuda a no volverse un esclavo.
He aprendido a borrar el más mínimo rencor hacia mi padre. Al contrario, cada vez acepto más que yo también me llamo Jaime. Quizás sea sinónimo de que me estoy haciendo más adulto, aunque sé que hay cosas que se fijan en la mente como un tatuaje.
Definitivamente para hacer periodismo se tiene que salir a la calle, no hay otra manera. En estas semanas he salido de comisión y mientras lo hacía recobraba aquel entusiasmo de cuando era un redactor del impreso. La web algún día tendrá que evolucionar a eso, pero no sé si tendré la paciencia de esperar a que eso ocurra.
Es algo extraño y quizás literalmente inhumano, pero más pena he sentido en este día lluvioso por los perros callejeros que por las personas. Será porque ellos no tienen manos que los sequen, ni amos que los compadezcan. Es más, hoy cuando estaba en una avenida rápida me quedé mirando a uno cómo cruzaba temerariamente la pista. Qué alivio verlo del otro lado avanzando a salvo.
A veces me cansa ser yo mismo. Corrección, a veces me pesa ser yo mismo. Me he dado cuenta que tener muchos conocidos – y no hablo de amigos -, simplifica la vida práctica y profesional. Me consuela, sin embargo, saber que no me he muerto de hambre y no dependo absolutamente de los demás.
Hay cosas que se deben hacer y punto. Creerse el artista rebelde que va a morir en París con o sin aguacero no es sensato. Lo digo, pues intenté hacerlo hace años y solo me llevó al arrepentimiento. Felizmente hay pequeños espacios – siquiera – para poder hacer lo que uno quiere. Si no fuera así, la vida sería estiércol puro.
Tantas muertes de gente conocida estas semanas hace pensar más en la muerte que tantos fallecidos anónimos. No sé qué decir, pues pensaba – seguro con mucho de posería – que no quisiera morir de viejo. Pensaba en que un tope aceptable sería los cincuenta años. En uno de esos cuadernos que uso como diario alguna vez escribí: “Si hasta los cuarenta años no he hecho algo que valga la pena y me haga sentir pleno, merezco la muerte”. La muerte, pienso, no se merece. Llega sola, es la invitada que llega sin tarjeta. Es lo único que, en circunstancias normales, no se puede planificar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)