domingo 14 de febrero de 2010

Empezando de cero

Mi año nuevo empezó el 12 de febrero. Cumplí 31 años. Curioso, cuando se tiene 18 uno cree que 31 está más cerca a la vejez que a la adultez. Yo siento que no estoy viejo, que voy camino a reconciliarme con lo que hago y con lo que quiero hacer. No entiendo cómo algunas personas me aprecian tanto si soy un ogro, tan cerrado.

Vivo solo desde hace un mes y ya me estoy acostumbrado y hasta agarrarle el gusto. He empezado este año desligándome por completo de la mujer que pasaba algunas veces como mi enamorada. La idea de querer volver a verla sigue rondando mi cabeza, pero el estar ocupado me libra de esa tentación. Se quería autoinvitar a mi cumpleaños, tuve que ser muy fuerte para no ceder. Lamento haberme excedido y tuve la tentación de pedirles disculpas, pero eso sería dar pie a que el círculo vicioso recomience.

He estado reunido en mi cumpleaños con todas las personas con las que hubiera querido estar. Ni uno más, ni uno menos. A veces uno quisiera tener un millón de amigos, pero en realidad importa más la calidad que la cantidad de amigos. He festejado como hubiera querido y ahora me queda empezar de cero otra vez. No puedo estar tanto tiempo jodido, creo que eso es imposible. Tiene que irme mejor.

Estoy empachado de tantas muestras de afecto. Me halaga mucho haber recibidos tantos mensajes en el Facebook, de amigos de la universidad, de ex alumnos y ex alumnas, de gente a la que no veo, pero que por esas cosas curiosas de la vida, nos hemos juntado alguna vez. Creo que para escribir estoy muy feliz hoy, que ohh paradojas, no puedo.




domingo 7 de febrero de 2010

De-presiones y otras sensaciones

He sido demasiado feliz ayer que me entristece pensar que un día así no se repetirá jamás. Digo que he sido demasiado feliz porque ayer ha sido mi último día con la mujer que ha complicado mi vida en estos meses. Pasamos una larga jornada juntos que a vista de todos, lo nuestro parecía andar muy bien. Sin embargo, esto no es así y esta vez la separación tiene que ser definitiva, pues de un simple callo esto se ha convertido en un tumor.

Si por mí fuera seguiría jugando el juego de ser pareja y prolongarlo tanto como el juego de Monopolio. Si pudiera le lavaría la cabeza, pero no puedo hacerlo. Este asunto es de dos personas y no basta que uno apueste el todo por el todo. Eso no sirve. Por eso lo mejor es ya dejar de verse. Pero esta vez de verdad, en serio, sin caer en la tentación de mandarse un mensaje de texto o un mail nostálgico.

El viernes, cuando decidí proponerle para dejar de vernos, me di cuenta que arrastro un sinsabor con mi vida desde hace cuatro años. En 2006 sentí un hartazgo tal por mi trabajo, por el poco tiempo que tenía para leer y escribir que todo - o casi todo - perdió sentido para mí. A eso se le sumaba la convicción de que carezco de algún talento innato para escribir y que este, en todo caso, tendría que desarrollarse tras un largo y prolongado ejercicio. Antes me creía un predestinado, un genio en ciernes y entender que no era así me dolió. Y la cereza en el helado fue mi fracaso en las relaciones con las mujeres. O peor aun, concluir de que mi destino es estar solo.

Esa misma noche escribí las frases más depresivas en mi diario, en donde me daba un chance hasta los 40 años para poder escribir y poder encontrarle sentido al seguir vivo. Una motivación para seguir despierto y moverme e intentar suplir los placeres del mundo de afuera, por otro que surja de las ideas, de la ficción. Había escrito también que si hasta los 40 no conseguía nada de eso, pues no tendría mucho sentido seguir vivo. Fue mi primera mención seria sobre la posibilidad del suicidio.

Confieso que no sentí miedo por la muerte en sí, sino por el dolor y pena que le podría causar a unas cuantas personas. Espero que esto solo sea una idea producto de un sinsabor momentáneo, pero que ya lleva cuatro años cumplidos.