martes 27 de abril de 2010

Mañana nublada

Es una mañana nublada y estoy en la casa de mis padres, que todavía es mi casa. Tengo sueño y aún me faltan diez exámenes por corregir. Ya me cansé de leer tantas caligrafías dispares, que en algunos casos las he tenido que descifrar. Me siento frente a la PC a quitarme esa tensión.

Ayer choteé a la chica con la que estaba. Creo que “estaba” es un decir. Ahora me pregunto si realmente estuve con ella. Siempre tengo un indicador que me dice cuándo ya no debo seguir con una mujer: cuando el día que sé que no la veré siento una suerte de alivio. Ella fue muy cariñosa y apasionada conmigo, una lástima que me exija más cariño y atención del que puedo darle.

Me preocupa encontrarle más sentido al estar dormido que despierto. No sé si es un excesivo cansancio o un desdén hacia la vida. Me cuesta amanecerme como antes cuando cumplía con mis cosas de la universidad. No sé si esas pastillas de pharmaton realmente sean la solución.

No sé de dónde pero tengo que inyectarme de optimismo y entusiasmo. Así como estoy, mejor es dejarse en el abandono. Tengo cosas por saldar y creo que aún estoy a tiempo de hacerlas.

lunes 26 de abril de 2010

Un lunes cualquiera...

Empezamos el estrés ya son casi las tres. La rutina de la web otra vez. La atmósfera aquí adentro me enferma. A veces me adapto y cuando menos me doy cuenta escribo y escribo.

Quiero viajar. Pasear por la playa. Sentarme a observar el mar, sentir el agua mojando mis pies. Quiero caminar sin rumbo y no considerar, por una vez siquiera, al tiempo.

Suelo redactar noticias frívolas últimamente. Ya tuve mis colerones al respecto y pese a los argumentos que me dieron, no estoy de acuerdo con esa fórmula para ganar visitas a costa de estupidizar a la gente.

Por momentos creo que es mejor estar solo que tener a una mujer con la que ceder mis tiempos. Es emocionante por momentos salir de la rutina y compartir actividades que solo serían muy tristes: el cine, el caminar, el comer algo; etc. Para colmo de males, nos acabamos de volver a pelear por el chat. Definitivamente, a veces es mejor estar solo que jodidamente acompañado.

En el transcurso de la tarde me he puesto a considerar algunas cosas. Primero, que escribiendo esto el día se me ha hecho menos insulso. Segundo, que siempre tendremos algo de qué quejarnos y tres, que felizmente existe el arte y todo aquello que nos hace espectar la belleza.

domingo 25 de abril de 2010

Posteo mientras chambeo

Apenas llego a la oficina y ya me quiero ir. Es como si estuviera aquí por castigo, sin convicción de que este trabajo es importante o no. Desde enero que no sé cómo es un domingo en la tarde fuera de esta sala.

Quiero mucho a mis viejos y lo he confirmado cuando empecé a vivir solo. Es una lástima que valores a los que quieres cuando los tienes lejos. Los humanos somos los seres más paradojales. Hasta mi perro Colita es más consecuente.

Ser bueno no basta hay que demostrarlo. Esa frase, a medida que tengo más años, resuena y resuena con más fuerza para mis adentros.

Tengo hambre. Son poco más de las siete de la noche. Tengo un yogurt y un pan con queso. Escribo esto como cabeceando entre las notas que escribo a toda velocidad. Esto es como respirar y tomar aire para luego volver a sumergirse.

Es un día agitado. Los ojos me arden de tanto fijarlos sobre la pantalla de la computadora. Siento algo de calor, lo cual me obliga a encender nuevamente el ventilador que han puesto cerca de mi cara.

A las nueve de la noche, ya quiero irme. Siento que estar sentado y escribiendo cosas casi automáticamente no es trabajo. Recién aquí, intentando jugar con las palabras, me divierto un poco. Quiero tener un orgasmo con las palabras.

No me he comunicado en todo el día con mi chica. He intentado llamarle, pero el celular lo tiene apagado. A riesgo de que se moleste, creo que de haber estado en contacto con ella no hubiera podido trabajar tanto como hoy. El amor es la manera más bonita de perder el tiempo.

Sensaciones en un minuto

Sigo teniendo sueño. Si por mí fuera hubiera seguido en la cama. La vida en posición horizontal es más sabrosa.

Aunque viva solo me he dado cuenta que soy un hombre de familia. Creo que volveré a mi casa otra vez porque sé que nunca me he ido de ella. Vivir solo no me ha hecho mejor o peor de lo que soy.

Quiero irme de viaje a cualquier lugar donde no sea el redactor, el profesor o el amigo. Ojalá pudiera alejarme un día de la computadora, de las noticias y solo disfrutar de un paisaje, de una vista al mar o del color verde de un bosque.

Solo aspiro a tres cosas: escribir y leer. La tercera sería a no depender de ningún trabajo. Sigo pidiendo imposibles.

martes 13 de abril de 2010

Elogio de la lentitud

Me gusta hacer las cosas con calma. Cuando acelero e intento terminar rápido lo que estoy haciendo, no lo disfruto y, en el peor de los casos, todo me sale mal. Trabajo en una página web de noticias y el tiempo es un enemigo al acecho. Será por eso que no lo paso muy bien y a veces creo que lo ideal sería ser un free lance.

Cuando he hecho las cosas a paso lento, las he disfrutado más y he creído que el tiempo se pasaba rápido. Recuerdo que en el colegio una vez me demoré unas dos horas en hacer un dibujo – el que mejor jamás haya hecho – y aunque, si bien alguien podría decirme que perdí el tiempo, creo que esa experiencia fue gozosa.

Recuerdo que a mi amigo Marlon le decía que me sentía mal al ver que a mi edad, Vargas Llosa ya había escrito grandes obras. En forma inteligente él me respondía que cada uno debe hacer las cosas a su ritmo.

Yo elogio a la lentitud, aunque en estos tiempos, sea – aparentemente- un contrasentido.