domingo 20 de febrero de 2011

Vidas superficiales

El dinero es importante. No lo más importante, pero es un alivio no carecer de él. No me gusta hablar de dinero. Preguntar a otros cuánto ganan me da más vergüenza que preguntarles el color de su prenda íntima. El dinero es un elemento para subsistir. Suscribo aquello de que cuanto más se gana, más se gasta. El dinero no nos hace felices, nos ayuda a ser menos infelices. Sin dinero la vida sería más jodida. Como la letra de Calamaro: no se puede vivir del amor.

Vivir pensando en ganar por ganar dinero es tan miserable como ayudar para esperar algo a cambio. Siento que la gente le rinde culto al dinero. Que hay una 'competencia' por demostrar quién tiene más. Pero en realidad, lo más absurdo es que muchos se preocupan en aparentar como si tuvieran dinero. Mi mamá siempre decía que no se arrepiente de que el grueso de los gastos de la casa hayan sido para alimentación. En la época de colegio yo veía que muchos comían cualquier cosa, pero tenían el equipo de sonido de última generación.

Admitámoslo, a muchos nos gustaría tener mucho dinero. Para poder viajar, para poder comprar regalos, para no tener que estar en trabajos que reconozcan poco lo que hacemos...Pero vivir preocupados solo por acumular riqueza al precio que sea, no va. El dinero y el tiempo son dos variables que se me hacen irreconciliables. Cuando tenía tiempo libre (generalmente porque no tenía trabajo), no tenía mucho dinero. Cuando tenía cierta tranquilidad económica, no tenía tiempo para salir, para disfrutar un poco de la vida. El tiempo, como decía en el post de abajo, se ha vuelto para mí valioso.

Hace poco estaba tras lo pasos de una chica. Para variar, no me hizo caso. Ella tiene un buen trabajo en una empresa privada. Su entorno es distinto al mío. No me la imagino en la cebichería de mi amigo en La Victoria, pero sospecho - porque no la conozco 100%- que no es una persona tan superficial. Como sí me quedó claro que son las chicas de su entorno. Pero al final de cuentas, no salimos...me dio algunas evasivas y hasta hace una semana di por perdida la batalla.

Poderoso caballero, don dinero...decía Francisco de Quevedo. Con la plata baila el mono, dice la canción de Wilfrido Vargas. Business son business, dijo una vedette. La plata llega sola, dijo Alan. El dinero no compra la felicidad, solo la alquila...En fin, definitivamente, el dinero nos importa, pero el reto...el gran reto es conjugarlo armoniosamente con el tiempo.


miércoles 16 de febrero de 2011

Un año más

A estas alturas no es que los años pesen, sino que se sopesan. No es como de los diez a los 19, que pasan lento y uno quiere contrariamente que pasen rápido. Tengo 32 años y no es que me abrume la edad (aunque ver los números alarmen un poco), sino que ahora valoro cada instante. Eso de que la vida es un rato no es frase hecha. Es cierto. Por eso digo por qué arruinarnos la existencia lamentándonos cuando queda poco tiempo para intentar ser feliz. Eso quiero yo ahora.

Cada vez valoro más el tiempo, tanto que estaría dispuesto incluso a ganar menos dinero si ello implica tener más tiempo libre. Antes tenía dos trabajos y era imposible dedicarme con más calma a leer, a ver películas, ahora quizás haya más tiempo...No sé, siempre tendremos excusas para no hacer cosas. Espero no recurrir a pretextos. Las cosas ocurren.

Creo nuevamente en Dios. No me da la gana de ser agnóstico, menos ateo. La fe es una de las cosas que quedan. Es como nuestro motor interior. No quiere decir que me haya vuelto mojigato, sino digamos...más espiritual.

Quienes me conocen saben que con mis defectos y todo, no soy un tipo que actúe con mala leche.

Me quedo con las imágenes de las celebraciones de mi cumpleaños. Los quiero mucho, amigos.