Se supone que es una virtud adaptarse a los cambios. Sin embargo, cuando estos te parecen absurdos te resistes a acatarlos, pues crees que no traerá nada positivo. Por ejemplo, no es positivo –ni ético- que si vendes sánguches, para elevar tus ventas decidas ahorrar en los ingredientes. No te importa sacrificar la calidad del producto –ni la salud de tus clientes- con tal de vender más panes.
Me parece que eso está pasando ahora, en distintos ámbitos, sobre todo en el periodismo. Este año ha sido un mal año, ni ganas he tenido de ‘celebrar’ el día asignado como el del pretexto perfecto para libar con los colegas. Bah, ¿día del periodista o día de los que cortan la torta?